REGRESO AL LATIN / por Antonio Parra Galindo

2019-10-08

REGRESO AL LATIN

Antonio Parra Galindo

El papa Benedicto XVI está proponiendo en el Sínodo de Obispos que se celebra en Roma la vuelta, si no total, al menos parcial, de las celebraciones litúrgicas. Esta es una medida (por la que algunos hemos luchado y sufrido tanto) que debe alegrar a todo el círculo de creyentes que formamos parte de la Iglesia. Casi puede decirse que en esta decisión asiste al Romano Pontífice el Espíritu Santo puesto que se trata de una decisión ex cathedra. Y es inapelable e infalible.

Mientras esto escribo en la alegre matinada del domingo suenan por Radio Vaticano las estrofas del introductorio Asperges me. Rocíame, Señor, con tu agua. Me lavarás y seré más blanco y puro que la nieve. Este rito de purificación, antiquísimo, vuelve y me dan ganas de entonar el Benedictus Dominus Deus Israel o mismamente el Te Deum laudamus o acción de gracias incorporada en el cuarto siglo por el rito ambrosiano y que se cantó por vez primera -no les vaya a dar a algunos un pasmo- en lo que era la antigua Yugoslavia pues allí fueron fundadas las cristiandades más concluyentes.

La Iglesia recibió el legado de la promesa de la casa de Israel, lo amplificó, lo adunó, dandole en muchos casos, sustituyendo en muchos casos el hebreo primero por el griego, el siriocaldeo y el primitivo eslavónico por el latín universalizando el mensaje sin hacer distinciones de procedencia étnica, adscripciones ideológicas, o diferencias accidentales como son el color, el género, el número o el caso. Miró a la sustancia dando de lado al accidente. Cristo bendito la casa de todos. Alfa y omega. Christus hodie, hieri et semper. El sentido de la universalidad que no otra cosa va con la palabra católico pero no hay que perder de vista tampoco su eternidad. Es la verdadera Roca, y no otra, de Israel.  Apoyemos esta afirmación en las propias palabras del Salvador: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra, etc”.

Su lingua franca era el latín que incorporó desde Roma pero din renunciar a algunos mitos y creencias de la mitología antigua que bautizó a su manera para gran escándalo de fariseos y de puristas que esconden la mano y tiran la piedra y exigen a los católicos unas perfeccciones y una caridad que nunca demuestran ellos. Y otra de las paradojas, la SRI (Sancta romana iglesia) siendo santa está integrada por pecadores, por hombres de carne y hueso, que aspiran a la perfección y a la comunión con los perfectos valores alcanzandolos muy difícilmente y a duras penas y tan sólo algunos. El barro tira lo suyo pero Cristo está arriba en el monte Tabor de la Resurrección o en el Calvario de la crucifixión. O bona crux salvum me fac, gritaba san Andrés cuando iban a asparlo. Este dolor y esta compasión es lo que determina en esencia la verdad del cristiano, la brevedad de esta existencia, el cruce del desierto. La compasión. Volver la otra mejilla. La obediencia de cadáver de nuestros noviciados. El capelo y los respices del padre Presentado o el del prefecto en mando. Joder qué duro es eso. Pero nuestra fe no es humana ni sigue las pautas de conducta del mundo ni es tan fácil como la muslímica o tan formularia y abundante en ritos externos como el mosaísmo.

Y eso se aprende y está perfectamente explicado en la homilética de la patrística más veneranda, en los sumularios que a veces pueden sonar algo ergotísticas y anticuados de la Escolástica. Es también la lengua de la gran teología medieval desde el Melífluo hasta el Angélico pasando por Hans Küng que no sólo ahormó su obra en alemán sino en la elegante cláusula de Tito Livio que vivió tantos años en Germania.

Algunos tratando de llevar el agua a su azud calificarán esta medida calificando esta medida de integrista. Un pensamiento aberrante porque los que creemos en Cristo siempre hemos profesado fe en la verdad y en la libertad. Para mí- y lo tomo de los padres griegos- la Segunda Persona de la Santa Trinidad es el Eleuterios (libertador), el que desata las cadenas. No pertenece a una idea política de aquí o allá. Me causan en esta hora tanta repulsión los meapilas como los beatones hipócritas o los gilipollas en silva de varia lección que se creen en posesión de la verdad sin haber hurgado las entrañas del ave del arúspice para conocer el vuelo de las aves o adivinar los rumbos de la historia o los pedisecuos del P. Llanos, un jesuita muy revirado y yo los conocí mejores, más sabios, más santos, en el Máximo.

Pero con esta medida Benedicto XVI, qué gran papa ya lo anunciamos desde estas mismas páginas de vistazoalaprensa.com, pone fin al desbarajuste litúrgico o a la empanada mental de algunos curas, volviendo a la base, buscando lo que nos une, que es el rito, el canon, la rúbrica. Después que cada cual piense lo que quiera y haga un poco lo que quiera. En esa libertad un tanto agustiniana del amor al mundo, de profesión de la palabra, de nunca callarme ante la injusticia, he vivido siempre y en esa idea quiero morir si Dios me ayuda.

Cierro estas línea cuando el coro vaticano acomete las últimas frases del Credo de Nicea. Maravilloso. Le siguen algunas lecturas en inglés, alemán, en árabe. Universalidad operativa. ¡Qué hermoso en este tiempo de tantos separatismos de campanario y de furias de aldeanismo atroz de campanario, soy católico en el sentido primigenio de la palabra katholicós. Hemos tenido que recurrir a un hermoso adjetivo griego para expresar ese sentido de universalidad tan latina. Es la fuerza del imperio de Cristo obra divina y obra humana. Divina en cuanto que sigue la inspiración del Paráclito y humana porque, por ejemplo, si ustedes no lo saben yo se lo digo, el libro de cabecera de algunos papas fue Maquiavelo. Y ya Laínez el segundo prepósito general nuestro recomendaba: un ojo en el cielo y otro en el suelo.

Pero en fin de nimis non curat praetor. Esto es, pelillos a la mar. En algunos casos saber latín no viene mal. Al menos para no convertirse en un predicador de vereda, en un ramplón comentarista de lo evidente.  Oh mañana de domingo alegre. Mis labios musitan por lo bajo:

-Benedictus Dominus Deus Israel quia visitavit plebem suam….

-Etc. no siga usted, don Verumtamen que a lo mejor se cabrea don Juanito. Usted no puede soltar un latinajo sin su permiso

-Buena gentecilla lleva el rey pero en fin estamos vivos, la Iglesia es un organismo vivo. Cabalgamos, dejemos que ellos ladren. Y no quiero iniciar una polémica con el don Juanito ese porque lo mesmerizo en dos párrafos.

 


FUENTE:

https://antonioparragalindo.blogspot.com/

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